Transporte de mascotas en Guipúzcoa
Tu perro o tu gato viaja en un vehículo climatizado distinto del camión de la mudanza, sujeto en su transportín y con las paradas acordadas contigo. Si el destino está fuera de España, te contamos qué documentación hace falta y cuándo empezar a pedirla.
Climatizado
Con el animal acompañado
Transportín IATA
Válido también para avión
Paradas con agua
Paseo con correa doble
Frontera y papeles
Pasaporte, chip y rabia
Lo primero: no metemos animales en el camión de mudanzas
Nos lo preguntan casi en cada mudanza y no hay excepción. La caja de un camión de mudanzas no tiene ventilación ni control de temperatura, y en un día de verano un furgón cerrado supera los cuarenta grados en poco rato. Por eso el animal va en otro vehículo, con climatización, el transportín bien sujeto y una persona atenta a él de principio a fin.
Además, conviene sacarlo de casa antes de empezar, porque para un gato no hay día peor que el de la mudanza: gente extraña, muebles que desaparecen y puertas abiertas durante horas. Es muy habitual que se esconda detrás de un armario, que nadie dé con él y que todo se retrase. Lo mejor es que se marche antes de que bajemos la primera caja al portal.
Lo que pactamos contigo:
- Precio cerrado con IVA
- Personal propio
- Póliza Allianz
- Paradas pactadas
Precios orientativos
Desde Donostia y resto de GipuzkoaNacional (España peninsular)
Seguro y cuidador incluido
Desde 150€
Internacional Europa
Gestión de pasaporte animal
Desde 300€
Urgente / Exclusivo
Sin otros animales en ruta
Consultar
Así preparamos el viaje
Empieza por el transportín, que no debería estrenarse ese día. Si el animal lo ve por primera vez justo cuando le están vaciando la casa, lo pasa fatal. Déjalo en casa una o dos semanas antes, con la puerta abierta y su manta dentro, para que se acostumbre a entrar y salir. Parece poca cosa, pero cambia mucho cómo va el viaje.
Luego, el recorrido. Dentro de Gipuzkoa los trayectos son cortos y se va sin parar. Si el viaje dura varias horas, paramos cada dos o tres con agua y, si es un perro, un paseo con doble correa. A un gato no se le abre el transportín en una gasolinera aunque parezca buena idea: así es como más gatos se pierden por el camino.
Perros: depende del tamaño
A un perro pequeño le basta un transportín rígido. Uno grande necesita uno a su medida, y aunque no vaya en avión tomamos como referencia la norma IATA: tiene que poder ponerse de pie sin bajar la cabeza, darse la vuelta y tumbarse. Con perros de hocico chato —bulldog, carlino, bóxer— vigilamos aún más el calor, porque les cuesta respirar, y hay aerolíneas que no los llevan en bodega. Si se marea en el coche, avísanos y adaptamos paradas, ruta y horas de ayuno.
Gatos: les cuesta el cambio de casa, no el trayecto
El gato viaja en transportín cerrado y medio tapado con una tela para que vea menos, y no se abre hasta el destino. Al llegar, mejor dejarlo unos días en una habitación con su arenero, su comida y algo con el olor de la casa anterior antes de que explore el resto. Un difusor de feromonas ayuda y es barato. Y antes de soltarlo, revisa ventanas y mosquiteras, sobre todo si el piso nuevo es alto, como tantos en el Centro o en Gros.
Pasar a Francia y al resto de Europa
Con Behobia tan cerca, nos lo preguntan mucho. Para moverse por la UE el animal necesita microchip, pasaporte europeo y la vacuna de la rabia en vigor, puesta al menos veintiún días antes si es la primera. En la frontera no siempre hay control, pero pueden pedir los papeles, y sin ellos el animal no cruza. Si te quedas a vivir allí, regístralo también en el país de destino.
Reino Unido y países de fuera de la UE
Desde el Brexit, para entrar en Reino Unido ya no sirve el pasaporte europeo: se pide un certificado sanitario animal y, en el caso de los perros, un tratamiento contra la tenia (equinococosis) que pone el veterinario entre uno y cinco días antes de llegar. Fuera de Europa entran en juego el análisis de anticuerpos de la rabia y, en algunos países, la cuarentena. Todo eso lo firma tu veterinario, no nosotros; lo que hacemos es avisarte de los plazos, que a veces son de meses.
Cuando hay que volar
El aeropuerto de Hondarribia tiene pocos vuelos que acepten animales en bodega, así que para viajes largos se suele salir de Bilbao, Madrid o Barcelona. Nosotros llevamos al animal por carretera hasta el aeropuerto y lo dejamos en la terminal de carga con el transportín homologado y etiquetado. Los pequeños suelen poder viajar en cabina; a partir de unos ocho kilos con el transportín, van en bodega, y cada aerolínea pone sus condiciones y sus límites de temperatura.
Conejos, pájaros, peces y otros animales
También los llevamos, cada uno a su manera. Los pájaros viajan con la jaula tapada, porque la luz los altera. Lo más delicado son los acuarios: no se mueve el agua, sino los peces en bolsas con oxígeno y el material del filtro húmedo para conservar las bacterias, y en destino hay que montarlo rápido. Si tu animal es exótico, mira antes si es especie invasora o si necesita CITES: en esos casos hay más trámites que kilómetros.
Lo que nunca hacemos
No sedamos a ningún animal. La mayoría de los veterinarios desaconsejan sedarlos para viajar, y más para volar, porque les altera la temperatura corporal y el equilibrio. Si tu veterinario decide dársela, lo hace él antes de salir. Nosotros viajamos con agua, bebedero, empapadores, una correa de repuesto y el teléfono de tu veterinario; si toma medicación, dánosla con las pautas por escrito.
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